SIMPLEMENTE SARALEGUI
"El vikingo" un grande de la historia del fútbol Uruguayo,
ÍDOLO de todos, gran persona,
guapo y ganador en cualquier cancha,
gano títulos de todo tipo con
Peñarol, con la Celeste al pecho y en clubes del extranjero.
¡¡¡Así eran los jugadores del Peñarol que yo vi!!!
Siempre ganador cueste lo que cueste y
sea como sea, pero siempre ganador a fuerzas de corazón,
dejando el alma en las canchas por llegar al objetivo,
sin claudicar jamás con ansias de ser campeón.
"El vikingo" un grande de la historia del fútbol Uruguayo,
ÍDOLO de todos, gran persona,
guapo y ganador en cualquier cancha,
gano títulos de todo tipo con
Peñarol, con la Celeste al pecho y en clubes del extranjero.
¡¡¡Así eran los jugadores del Peñarol que yo vi!!!
Siempre ganador cueste lo que cueste y
sea como sea, pero siempre ganador a fuerzas de corazón,
dejando el alma en las canchas por llegar al objetivo,
sin claudicar jamás con ansias de ser campeón.
CON FUEGO EN EL CORAZÓN
No es nada fácil jugar en uno de los dos o tres el cuadro más
laureados del continente y el mundo.
No es nada fácil aprender a vivir como pequeño para luego tratar de vivir
como un grande.
No es nada fácil jugar con la tribuna colmada de hinchas, la más grande y
Maravillosa del mundo.
No es nada fácil jugar en un Peñarol donde la casaca de color oro y carbón
la vistieron hombres con fuego en las venas.
No es nada fácil si no tienes la llama sagrada en el alma y te invade el
miedo cuando te pones una camiseta tan pesada.
PEÑAROL ESPÍRITU DE VIDA
Peñarol pinta de alegrías y colores
los espacios vacíos y lúgubres del alma.
Cuando te sientes agobiado
y crees que ya no queda salida,
que los caminos se terminaron,
que ya todo fue.
Allí esta este duende místico y pujante
llamado Peñarol, que te cubre, te abraza, te abriga y
te empuja hacia el eterno bálsamos de la esperanza
y la felicidad.
Porque eso es Peñarol, esperanza y amor
y jamás, jamás te dejara caer si crees en el
como espíritu de lucha.
PEÑAROL ESPÍRITU DE VIDA
Peñarol pinta de alegrías y colores
los espacios vacíos y lúgubres del alma.
Cuando te sientes agobiado
y crees que ya no queda salida,
que los caminos se terminaron,
que ya todo fue.
Allí esta este duende místico y pujante
llamado Peñarol, que te cubre, te abraza, te abriga y
te empuja hacia el eterno bálsamos de la esperanza
y la felicidad.
Porque eso es Peñarol, esperanza y amor
y jamás, jamás te dejara caer si crees en el
como espíritu de lucha.
AL MAESTRO CON CARIÑO
Oscar Washington Tabarez, todo talento y cariño, por cumplir ese designio, de celeste la fortuna, desde el vientre hasta la cuna, fuiste forjando el destino, en este suelo divino poblado de sensaciones donde tallan las pasiones de un Uruguay encendido.
Al maestro con cariño, conductor de la misión, en sublime condición de padre hermano y amigo, con el caudal torbellino de sapiencia y de cultura, en esa gran estatura de técnico y de maestro, nos legas un testamento con calidez y ternura.
Oscar Washington Tabarez, que transitas el camino, de la celeste el destino, de conducta y de respeto, con amor por lo correcto, de escalar a las montañas y que vibre en las entrañas la sublime condición de entregarte a la emoción y seguir forjando hazañas.
Maestro que con tu docencia, con tu actitud y valores, vas pintando los colores, celestes de tu bandera, un celeste que se esmera, con rectitud e ilusiones, donde vibran las pasiones de nuestra patria adorada que se muestra engalanada y estallan sus corazones.
Roberto Martín Robles Méndez
Oscar Washington Tabarez, todo talento y cariño, por cumplir ese designio, de celeste la fortuna, desde el vientre hasta la cuna, fuiste forjando el destino, en este suelo divino poblado de sensaciones donde tallan las pasiones de un Uruguay encendido.
Al maestro con cariño, conductor de la misión, en sublime condición de padre hermano y amigo, con el caudal torbellino de sapiencia y de cultura, en esa gran estatura de técnico y de maestro, nos legas un testamento con calidez y ternura.
Oscar Washington Tabarez, que transitas el camino, de la celeste el destino, de conducta y de respeto, con amor por lo correcto, de escalar a las montañas y que vibre en las entrañas la sublime condición de entregarte a la emoción y seguir forjando hazañas.
Maestro que con tu docencia, con tu actitud y valores, vas pintando los colores, celestes de tu bandera, un celeste que se esmera, con rectitud e ilusiones, donde vibran las pasiones de nuestra patria adorada que se muestra engalanada y estallan sus corazones.
Roberto Martín Robles Méndez